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Escrito y publicado originalmente el 31 de mayo de 2017 en WordPress.

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Esto no sólo es para los amigos interesados en el Buddhismo sino también como base teórica para la astrología kámmica que estamos construyendo (un tipo de astrología hermanada con la Doctrina del Buddha tal como está registrada en el Canon Páli, diferenciada de la astrología kármica, que se nutre del vedismo/brahmanismo).

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Fermentaciones mentales (ásava)

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El Buddha utilizó la imagen de la fermentación de las bebidas para explicar cómo funciona la mente no-iluminada. Cuando uno vierte jugo de frutas en un recipiente y deja que se descomponga, y si uno agrega después miel o azúcar, el jugo se fermenta: la combinación de jugo, bacterias y azúcar hacen que el azúcar se convierta en alcohol. Así es cómo se producen la cerveza y todas las bebidas alcohólicas.

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Al hablar de fermentaciones el Buddha quiso transmitir la idea de que la mente no-iluminada es como ese recipiente que está lleno de jugo en descomposición y que al cabo de un tiempo produce algo que no estaba allí (el alcohol). Las fermentaciones mentales implican que nuestra mente produce algo que no existe en la realidad: suposiciones, creencias, fantasías, elucubraciones. Nuestra mente constantemente está haciendo esto. La imagen de la fermentación es muy efectiva porque nos hace ver la actividad cotidiana de la mente no-iluminada como un jugo putrefacto (mientras que la mente iluminada es tan pura como agua filtrada), y además como un jugo putrefacto que produce cerveza, es decir, algo que embriaga, algo que emborracha, algo que nos hace perder el contacto con la realidad.

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Nuestras mentes básicamente son como recipientes llenos de jugo putrefacto. La fermentación se produce porque estamos llenos de deseos, obsesionados con cosas que queremos poseer, y por fantasías interminables que ocupan nuestra mente día y noche. Este estado de embriaguez se elimina paulatinamente con la meditación. Al lograr el Despertar, todas las fermentaciones se han detenido por completo.

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LAS TRES FERMENTACIONES MENTALES

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El Bendito Buddha enseñó que existen tres fermentaciones mentales (en páli se dice ásava). Las tres fermentaciones o tipos de fermentaciones son:

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  • La fermentación mental asociada a la sensualidad.
  • La fermentación mental asociada al devenir.
  • La fermentación mental asociada a la ignorancia.

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El Noble Sendero Óctuple es un entrenamiento mental y espiritual dedicado a reconocer y experimentar conscientemente estas tres fermentaciones en uno mismo para poder comprenderlas completamente y así poder eliminarlas eventualmente. La práctica del Dhamma como un sendero que conduce al Despertar consiste en purificarse completamente de estas fermentaciones al punto de abandonarlas completamente.

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La fermentación asociada a la sensualidad

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Esta fermentación es aquella que tiene que ver con nuestra adicción a los datos de los sentidos, nuestro enamoramiento, nuestra intoxicación con el mundo de los sentidos. Con esta fermentación nuestra mente asume la falsa suposición de que percibir datos sensoriales siempre es algo placentero, que el mundo sensorial siempre es fuente de placer. En realidad, los datos sensoriales son fuente de tres tipos de experiencias: placer, dolor y experiencias neutras (ni-placer-ni-dolor).

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Esta fermentación también tiene que ver con nuestra adicción con las sensaciones placenteras. Básicamente todo lo que la persona no-iluminada hace en la vida es obtener placeres sensuales: comer la comida que nos agrada, oler los olores que nos gusta, ver las vistas y escenarios que nos parecen hermosos, oír los sonidos y canciones que nos agradan, tener las sensaciones táctiles que nos dan placer y distraernos en los pensamientos (el sexto sentido: los recuerdos, las fantasías, las ideas) que nos hacen sentir bien. Cuando decimos “placeres sensuales” podemos pensar que se trata solamente del sexo y del erotismo (una forma intensa de los placeres sensuales), pero en realidad esta fermentación tiene que ver también con cosas tan simples como nuestra necesidad de vivir en espacios determinados, comer determinada comida, ver determinadas cosas, etc.

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La mente que ha detenido esta fermentación es la mente que percibe la realidad tal cual como es. Sabe que los datos sensoriales son de tres tipos (agradables, desagradables y neutros), y sabe que no tiene sentido intoxicarse con ninguno de ellos. La persona que ha abandonado esta fermentación ya no está adicta, intoxicada, enamorada de los datos sensoriales, por lo tanto no reacciona a ellos ni con deseo ni con aversión. Puede ver cosas desagradables sin rechazarlas. Puede oler olores desagradables sin sentir náusea, etc. Puede experimentar cualquier dato sensorial sin aferrarse o sentir aversión, incluidas las ideas, los signos y los recuerdos, que son los contenidos del sexto sentido (la mente).

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Desde el punto de vista de los seres Despiertos (iluminados), la mente no-iluminada está intoxicada, emborrachada con los datos sensoriales, con las fantasías de convertirse en esto o aquello y con la ignorancia sobre la realidad de la mente y de la materia.

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La fermentación asociada con el devenir (bhava)

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El devenir o transformación del ser (bhava) es lo que en la actualidad llamamos comúnmente renacimiento: el devenir es el proceso mundano por medio del cual el ser muere y se convierte en otra cosa. La fermentación asociada con el devenir es aquella por medio de la cual la persona fantasea con convertirse en tal tipo de ser o renacer en tal plano de existencia. Por ejemplo, las personas que desean volverse ricas, hermosas, famosas, son personas intoxicadas, embriagadas con la fermentación del devenir.

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La mente que ha detenido completamente esta fermentación mental es la mente que ya no guarda deseos o fantasías de que el ser se convierta en tal o cual otro ser, o que la persona renazca en tal o cual plano, o que la persona se convierta en tal o cual cosa. Al abandonar esta fermentación, el ser pierde toda intoxicación, toda embriaguez, todo deseo o fantasía de existir en el samsára convirtiéndose en esto o en aquello.

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La fermentación asociada con el devenir generalmente se refiere a lo que queremos o deseamos ser en una siguiente existencia. Pero desear obsesivamente ser algo determinado en esta vida también es una manifestación de esta fermentación. Por ejemplo: querer ser más delgado o más fuerte, más atractivo, o querer ser hombre cuando uno nació mujer, o querer ser mujer cuando uno nació hombre, o querer ser millonario, etc. Estos son deseos que podemos realizar en esta misma vida, pero si son deseos obsesivos, vehementes, entonces son tanha (lo que causa renacimiento) y son también una fermentación mental terrible. Al estar “embriagados” con estos deseos, somos capaces de olvidar las cosas más importantes de la vida o cometer errores terribles sólo por conseguir que nuestro sueño se haga realidad.

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Con respecto al deseo de tener un renacimiento favorable, en el Buddhismo hay toda una tradición respecto a esto. El Buddha realmente no prohibió a nadie ni se burló de nadie que quisiera tener un renacimiento favorable. Por ejemplo, hubo muchos en los tiempos de Buddha, y hasta el presente, que desearon renacer como humanos en buenas familias, en condiciones favorables, o renacer como deva (seres de luz). Aunque el Noble Sendero Óctuple que el Buddha enseñó conduce al fin definitivo de toda forma de devenir (renacimiento o bhava), el Buddha sabía y respetaba el hecho de que muchos seres necesitan renacer en condiciones favorables para poder aprender el Dhamma. Por eso el Buddha no criticó ni condenó a las personas laicas por querer renacer en condiciones favorables o renacer como devas. En este caso, si lo que la persona quiere es tener una existencia futura favorable para poder profundizar en el Dhamma o avanzar en el Dhamma como no pudo hacerlo en esta vida, no se trata de una fermentación, se trata de un deseo válido, legítimo, un deseo correcto. Las fermentaciones tienen que ver con intenciones incorrectas, con puntos de vista exagerados u obsesivos.

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Además, esto de querer alcanzar el Nibbána no es un competencia, no es una carrera. Si uno apunta hacia Nibbána, uno no debería sentirse superior a aquellos que apuntan primero a un renacimiento favorable. El Buddha no se sintió superior a nadie ni condenó a nadie: esto es compasión y sabiduría.

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Uno debe reconocer cualquier componente insano que existe en el pensamiento de uno. Así uno podrá reconocer si lo que está deseando es un deseo inofensivo o si es una fermentación. Si una persona quiere renacer como un deva para vivir eternamente, eso es la fermentación de la ignorancia mezclada con la fermentación del devenir. Si una persona quiere renacer en una familia rica para vivir en el lujo y en los placeres sensuales, o como un deva por la misma razón, eso es la fermentación de la sensualidad mezclada con la fermentación del devenir. Las fermentaciones rara vez se manifiestan en estado “puro” sin mezclarse unas con otras. Generalmente están dos o incluso las tres presentes en el mismo pensamiento-deseo.

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La fermentación asociada a la ignorancia

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Esta fermentación tiene que ver con todas las conclusiones erróneas a las que nuestra mente llega al interpretar equivocadamente los datos sensoriales o los contenidos de la propia mente. Generalmente esta fermentación ocurre simultáneamente con las dos anteriores, porque casi siempre la mente no-iluminada necesita de cierto grado de ignorancia (no-conocimiento, fantasía, ilusión) para poder intoxicarse con aquello que en realidad no es completamente satisfactorio (el samsára, los datos sensoriales, etc).

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Esta fermentación también es muy común porque la mente no-iluminada todo el tiempo está sacando conclusiones basadas en una observación incompleta de la realidad o en la generalización o en la simplificación o en estereotipos, etc. Todos estos procesos que alejan la mente de la observación exacta de la realidad es lo que el Buddha llamó “ignorancia”.

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Por ejemplo: vemos el horizonte de la Tierra y vemos que parece ser una línea recta. Entonces asumimos que la Tierra debe ser plana porque, si el horizonte lo es, entonces la Tierra debe serlo. Pero en realidad el horizonte no es una línea recta: tiene un ángulo que apenas podemos percibir. Otras fermentaciones asociadas con la ignorancia son meras fantasías, por ejemplo las fantasías de que la Tierra está hueca, o de que la luna es un satélite artificial, o la existencia de seres como dragones o unicornios.

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De las tres fermentaciones, ésta última es la más difícil de abandonar, puesto que para hacerlo, el ser debe lograr el Despertar total y definitivo. El Despertar (bodhi) queda así definido como el proceso en el cual la mente se deshace completa y definitivamente de todo tipo de fantasías, ilusiones, presuposiciones, prejuicios, generalizaciones, simplificaciones y estereotipos sobre la realidad. La mente iluminada ve las cosas tal como son: su observación de la realidad es absolutamente exacta, sin el intermedio de la interpretación, sin la miopía causada por las teorías, los conceptos, los símbolos, la traducción, etc.

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Las fermentaciones hacen que la mente “fermente” las tres características universales (aniccá, dukkhá, anattá) en sus opuestos falaces:

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  1. La mente fermentada (no-iluminada) cree que las cosas (o algo) es permanente, inmutable, eterno, cuando en realidad todo es impermanente, mutable, perecedero (aniccá).
  2. La mente fermentada (no-iluminada) cree que las cosas (o algo) es completamente satisfactorio, perfecto, confiable, fuente de felicidad, cuando en realidad todas las cosas son insatisfactorias, imperfectas, no-confiables, fuente de ansiedad (dukkhá).
  3. La mente fermentada (no-iluminada) cree que existe un yo metafísico, una chispa divina o “yo espiritual” que es portador de una identidad eterna y perfecta, cuando en realidad ningún ser en el universo posee semejante chispa divina o yo metafísico, puesto que nada en el universo es eterno y perfecto (anattá).

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Por eso, cuando tenemos un primer vistazo de las tres características universales, en ese momento, aunque sea por un segundo, hemos logrado detener las tres fermentaciones mentales. Y por eso el Bendito Buddha enseñó a los monjes a meditar de muchas diversas maneras en las tres características universales, para que los monjes y monjas pudieran ir abandonando las fermentaciones mentales. Si uno se sienta a meditar y logra concentrar la mente en las tres características universales, viendo así la realidad tal cual es, digamos por veinte minutos, durante ese tiempo es seguro que hemos detenido las fermentaciones mentales. Puede ser que al salir de la meditación volvamos otra vez a “fermentar” la realidad, por costumbre o hábito, pero si seguimos meditando con frecuencia, la costumbre o hábito de la fermentación se irá debilitando hasta que nuestra mente se encuentra constantemente libre de fermentaciones, incluso cuando no estamos meditando. Esta es la idea del Dhamma, de la práctica del Dhamma y de la meditación, entre otras cosas.

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El hecho versus la fermentación (la fantasía)...

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Conexión entre las fermentaciones mentales (ásava) con las contaminaciones mentales (kilesa)

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Parece haber una conexión intrínseca entre las tres fermentaciones y las tres contaminaciones o impurezas mentales (kilesa).

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  • La contaminación o impureza del deseo (lobha, raga).
  • La contaminación o impureza de la aversión (dosa).
  • La contaminación o impureza de la ignorancia o fantasía (moha).

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La fermentación de la sensualidad ocurre casi siempre porque nos llenamos de deseo o codicia (lobha) con respecto a los placeres sensuales. Queremos tener más y más placeres sensuales a través de los sentidos. La fermentación del devenir ocurre casi siempre porque odiamos (dosa) nuestra situación presente, detestamos lo que somos en el presente y por eso nos llenamos de deseo de ser otra cosa, de tener otra vida, otro tipo de existencia. La fermentación de la ignorancia ocurre porque nos llenamos de fantasías, ilusiones, esperanzas falsas (moha) sobre cosas que no pueden ocurrir. Todo eso (ilusión, fantasía, falsa esperanza) son ramificaciones de la impureza llamada moha o ignorancia. En los tres casos, las tres contaminaciones mentales pueden ser la causa raíz de las tres fermentaciones.

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En la tradición Theraváda a estas tres impurezas o contaminaciones también se les llama las tres raíces del mal, porque es a partir de ellas que el ser humano (y los otros tipos de seres en samsára, incluidos los devas) son capaces de llevar a cabo alguna forma de daño o maldad.

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Publicado originalmente en:

https://ramonemoralesc.wordpress.com/2017/05/31/fermentaciones-ment...

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