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Los cuatro grandes esfuerzos y las cinco contemplaciones

Esto es excelente. Esto es difícil de hacer, difícil de realizar. Todo el tiempo estamos vigilando y corrigiendo a los demás. Eso es fácil y es incluso divertido, entretenido. Pero vigilarnos y corregirnos a nosotros mismos, todo el tiempo... Esto es difícil y es molesto. Por eso el Buddha dijo de esta Enseñanza: "Este Dhamma es profundo, difícil de ver, difícil de realizar, pacífico, excelente, más allá de la lógica y del razonamiento, sutil, para ser experimentado por los sabios..."

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Trato de detectar, en el plano de los planetas y los signos, cuáles son los planetas y signos que favorecen estos procesos. Por un lado veo a Saturno (que abunda en el Buddha-Dhamma, Enseñanza de Buddha) que es esfuerzo responsable y serio, pero también veo a Plutón que es eliminación de lo que debe ser eliminado y purificación de las estructuras viejas. En los signos veo a los signos mutables, que son los signos atraídos por toda labor de limpieza y de transformación final, pero más específicamente al acoplamiento Virgo-Piscis, que es el acoplamiento encantado por el ideal de pureza y purificación (el otro acoplamiento mutable, Géminis-Sagitario, por alguna razón está más interesado en el brillo y la pureza de lo que está más allá en vez del brillo y la pureza que se le puede sacar a lo que hay aquí y ahora). Y detrás de todo esto, como mecanismo de fondo, está el Sol (lo apolíneo): un ideal de perfección y pureza trascendental que es lo que realmente guía todo este proceso, el norte.

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En el caso de las cinco contemplaciones: allí esta Saturno y Capricornio otra vez. Esto es tan cierto que las personas "poseídas" o atrapadas en las mecánicas menos constructivas (desde la lógica saturnina) de ciertos planetas (la parte loca e hipersensible de la Luna, la parte frívola y sensual de Venus, la parte violenta y voluptuosa de Marte, la parte grandilocuente y expansiva de Júpiter, la parte omni-opositora, erosionadora a priori de Urano, la parte fantasiosa y escapista de Neptuno, y la parte maquiavélica e irresponsable de Plutón) sienten una aversión natural hacia toda esta Enseñanza, o sienten el desconcierto que se siente ante algo demasiado opuesto a lo que produce agrado y placer.

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Los cuatro grandes esfuerzos

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  1. El esfuerzo de evitar el surgimiento de pensamientos malvados e insanos que no han surgido todavía en nuestra mente, por medio de la práctica de la correcta restricción de los sentidos y del auto control.
  2. El esfuerzo de superar, de dispersar rápidamente los pensamientos malvados e insanos que ya han surgido en nuestra mente.
  3. El esfuerzo de desarrollar pensamientos nobles y sanos que no han surgido todavía en nuestra mente.
  4. El esfuerzo de mantener los pensamientos nobles y sanos que ya han surgido en nuestra mente.

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Si te das cuenta, los cuatro grandes esfuerzos siguen una lógica de eliminación, en nuestra propia mente, de las cosas que nos impiden ser mejores personas, y de propiciación de las cosas que nos hacen ser mejores personas. Te darás cuenta que, si no los pones en práctica todos al mismo tiempo, siempre habrá algo malo en tu mente que arruine y sabotee la parte buena que trata de establecerse y crecer. Estos cuatro procesos, aplicados al mismo tiempo, son un métodos de máxima eficiencia.

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Las cinco contemplaciones

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Hay cinco cosas que todos deberíamos contemplar frecuentemente, seamos mujeres u hombres, devotos laicos o monjes. Estas cinco cosas son:

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  1. Envejeceré. No podré evitar envejecer en algún momento.
  2. Enfermaré. No podré evitar enfermarme en algún momento.
  3. Moriré. No podré evitar la muerte en algún momento.
  4. En algún momento seré separado de aquello que me gusta y amo.
  5. Soy el propietario de mis acciones, el heredero de mis acciones, mis acciones son el germen del cual provengo, mis acciones son mi familia, mis acciones son mi protector; cualquier acción que haga –sea buena o mala–, seré su heredero. (Anguttara Nikaya 5:57)

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Esta parte toca el tema de por qué la Religión de Buddha es taaaan pesimista. Pero, ¿lo es? Si describimos la realidad, si decimos por ejemplo que la Tierra es redonda como una pelota y que el agua líquida moja… ¿estamos siendo pesimistas? El Bendito Buddha no veía estas contemplaciones como pesimismo. Las veía como realismo, “descriptivismo realista” si me permiten la expresión. ¿Y por qué tendríamos que meditar en cosas tan obvias (por lo menos lo son las primeras cuatro contemplaciones)? ¿Acaso no sabemos ya que envejeceremos, enfermaremos y moriremos? Sí, lo sabemos. Pero precisamente por el hecho de que no nos gusta el tema, hemos creado toda una cultura de la obsesión con la juventud, con el estar sanos y con la inmortalidad del ser. ¡Y esta cultura obsesiva ya existía en los tiempos del Buddha! Una cultura donde la gente no quiere aceptar el envejecimiento, donde queremos dejar el envejecimiento como la última realidad a la que tendremos que enfrentarnos algún día. Una cultura donde hemos inventado todo tipo de fármacos y cirugías para evitar todas las dolencias y enfermedades. No tiene nada de malo querer estar sano, pero querer evitar todo el dolor que proviene del hecho de tener un cuerpo sujeto a dolencias es un comportamiento obsesivo y evasivo de la realidad. Una cultura donde no queremos hablar de la muerte natural o aceptarla, donde incluso hay personas que trabajan para lograr alguna especie de inmortalidad en el cuerpo. ¡Qué locura! (De esto último piense por ejemplo en esa empresa que congela cadáveres en EEUU con la esperanza de devolverle la vida a esas personas en el futuro lejano, o esa otra corporación internacional que investiga la clonación humana para crear personas literalmente inmortales…)

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Cuando tomas estas contemplaciones, ya no te angustian las primeras arrugas y las primeras canas cuando aparecen. Ya no gastas (tanto) dinero en maquillaje y cremas para retrasarlo. Tu autoestima deja de depender de la juventud, porque profundizas en la realidad de que la juventud es efímera. Te enfermas con algunas de esas virosis o resfriados que la gente ataca neuróticamente con medicamentos pero tú lo aceptas. Aceptas el malestar, el dolor de estar enfermo. No es sano, psicológicamente hablando, no querer sentir nunca dolor físico en la vida. ¿Lo entiendes? Ya no te angustias por la posibilidad de morir. Es algo seguro. Vendrá algún día. Tus seres queridos también morirán. Es el orden natural de la vida. Lo aceptas. Ya no te convencen esas historias fantásticas de resurrección de los muertos o de inmortalidad del alma. Lo que es, es lo que hay.

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La quinta contemplación en la lista sí es un postulado típicamente buddhista, una postura ideológica, filosófica, religiosa, en el sentido de que no es algo evidente. El tema allí es el kamma (acción). Si lo vemos desde el punto de vista de una vida humana, sí puede ser evidente, sí se puede comprobar, porque evidentemente somos el producto de lo que hemos hecho en el pasado, desde el momento en que nacemos. Pero si lo llevamos al nivel del tema del renacimiento, del tema de varias vidas que son secuencias del “mismo” ser, de la misma “corriente de vida”, entonces ya estamos hablando de algo que no es tan evidente. Es a eso a lo que se refería el Buddha en esa contemplación. Lo único que poseemos, a lo largo de todas “nuestras” vidas o renacimientos, son nuestras acciones. No nos llevamos nuestro dinero y nuestras propiedades de una vida a la siguiente. Todo eso se pierde. Lo único que heredamos cuando renacemos es el fruto (vipaka) del kamma de nuestras vidas pasadas. Mis acciones (kamma) en esta vida presente serán el germen del cual naceré en la siguiente vida. Mis acciones (kamma) en esta vida presente serán mi familia, serán mi protector (o destructor), en la siguiente vida. Esta es la lección más importante en todo esto. Si comprendes y dominas el mecanismo del kamma, lo puedes hacer funcionar a tu favor.

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Nos creamos a nosotros mismos por medio de lo que hacemos, pensamos y decimos en el presente. Esa es la fuerza, el poder, la energía, el mecanismo, el creador que nos “crea” en el futuro, es el hacedor que nos “hace” en el futuro. Tú te creas a ti mismo, te haces a ti mismo por medio de tus acciones.

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No sirve de nada acumular poder y dinero,

cosas mundanas que se desintegrarán en la tierra

igual que tu cuerpo después de la muerte.

Acumula mérito (buenas acciones):

¡Mérito es el verdadero tesoro!

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Publicado originalmente el 31 de diciembre de 2016 en WordPress:

https://ramonemoralesc.wordpress.com/2016/12/31/los-cuatro-grandes-...

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