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INTEGRACIÓN DEL ÁNIMA Y ÁNIMUS A TRAVÉS DE LA ASTROLOGÍA

 

  1. Conociendo los conceptos de Ánima y Ánimus.

Históricamente, el ánima sale al encuentro sobre todo en las syzygias divinas, las parejas andróginas de los dioses, y son tan universales  como la aparición del hombre y la mujer.

Surgen efectos determinantes de lo inconsciente que aseguran la similitud de la experiencia en todo individuo, y una de las pruebas de esto es el paralelismo universal que Jung llamó arquetipos.

Para Freud, el inconsciente es el lugar de reunión de los contenidos olvidados y reprimidos, es decir, de naturaleza exclusivamente personal; en cambio, para Jung, que nos abre a una nueva dimensión, es un extracto superficial del inconsciente y es personal, se apoya sobre otro más profundo que no se origina en la experiencia y la adquisición personal, sino que es innato y de naturaleza universal, es decir, es idéntico a sí mismo en todos los hombres y constituye un fundamento anímico de naturaleza suprapersonal  existente en toda persona.

A los contenidos de este inconsciente colectivo, los denominó arquetipos. El arquetipo representa un contenido inconsciente que al concienciarse y ser percibido, cambia de acuerdo con cada conciencia que surge. Es un elemento formal, en sí vacío, una posibilidad dada a priori de la forma de representación. Las representaciones no se heredan, sino las formas, que corresponden con los instintos, los cuales también están determinados formalmente.

A uno de estos arquetipos le dio el nombre de ánima, con el que designa el aspecto femenino interno del hombre, en el que sintetiza un contenido extremadamente dramático del inconsciente.

El factor proyectante es el ánima o el inconsciente representado por ella. Cuando aparece, lo hace personificada en sueños, visiones y fantasías, manifestando el factor que representa cualidades de naturaleza femenina.

No es una figura sustitutiva de la madre, sino que aquellas cualidades que hacen la imagen materna tan influyente surgen del arquetipo colectivo del ánima en cada niño varón. Al ánima, al ser idéntica a la imagen materna, se la toma por madre real.

El ánima de un hombre se refleja en la forma de relacionarse con las mujeres. Dentro de su psique, influye en sus ideas, actitudes y emociones. Es la personificación de las tendencias psicológicas femeninas en la psique del hombre.

Partiendo de la regla general por la cual el ánima adopta la forma de la madre, si ésta tuvo una influencia negativa, se expresará en formas irritables, deprimidas, con inseguridad y susceptibilidad, tomando la vida un aspecto triste. Se emitirán comentarios destructivos, irritados. Aquí el ánima es fría, desconsiderada.

Si la experiencia ha sido positiva, los hombres se vuelven sentimentales y muy sensibles. El ánima se expresa con diálogos neuróticos, pseudointelectuales, que le inhiben a ponerse en contacto con la vida y sus decisiones reales. Todos estos aspectos pueden ser proyectados, de manera que aparezcan como las cualidades de una mujer determinada.

Como aspectos positivos del ánima podemos nombrar que es la que le ayuda a discernir hechos escondidos en su inconsciente y le pone en contacto con sus valores internos.

Ahora bien, así como el ánima es el arquetipo que aparece en el varón, en la mujer existe uno equivalente, al que Jung denominó ánimus. Si lo femenino es lo compensatorio en el varón, lo masculino lo es en la mujer, por lo tanto el inconsciente de ella tiene signo masculino.

El primer portador del factor proyectante suele ser el hijo para la madre, y también lo parece el padre para la hija.

El término ánimus quiere decir entendimiento o espíritu y así como el ánima corresponde el “eros” materno, el ánimus corresponde al “logos” paterno.

Jung utiliza estas denominaciones para describir el hecho de que la conciencia de las mujeres se caracteriza más por lo intuitivo del eros, que por lo diferenciador y cognoscitivo del logos.

En el proceso de integración, así como el ánima se convierte en un eros de la conciencia, el ánimus se convierte en su respectivo logos, dándole  a la conciencia femenina reflexión y conocimiento.

La relación ánima/ánimus ya sea positiva o negativa es siempre emocional y por lo tanto colectiva, lo que baja el nivel de la relación y la aproxima a una base general instintiva, que ya no tiene nada de individual. Por eso, no es raro que la relación se establezca por encima de sus portadores humanos, quienes no se dan cuenta cómo ha ocurrido.

La técnica para llegar a vivir en armonía con el ánimus es, en principio, la misma que en el caso del ánima, sólo que aquí la mujer debe aprender a criticar y a reservarse sus opiniones, no para reprimirlas sino para investigar sus orígenes y penetrar más profundamente en el cimiento donde entonces descubrirá las imágenes primordiales, tal como lo hace el hombre con el ánima.

El ánimus muestras aspectos buenos y malos, como le ocurre al ánima. No aparece con frecuencia en forma de fantasía y erotismo, suele tomar la forma de convicción sagrada oculta.

Cuando esta convicción se predica de manera insistente y se impone a otros a través de escenas de fuerte emotividad, se reconoce la masculinidad subyacente en una mujer, aunque sea muy femenina exteriormente.

Psicológicamente es una forma particular que aleja a las mujeres de las relaciones humanas y en especial de los contactos con los hombres auténticos.

A veces el ánimus se muestra, inconscientemente, a través de una extraña pasividad y paralización de todo sentimiento o una profunda inseguridad que conduce a una sensación de nulidad.

Pero el ánimus también tiene cualidades positivas: puede construir un puente hacia el Sí mismo mediante su actividad creadora.

En los sueños, el ánimus suele aparecer como un grupo de hombres y así el inconsciente simboliza el hecho de que el ánimus representa una colectividad más que un elemento personal.

La atención consciente que una mujer tiene que dedicar al problema de su ánimus requiere de mucho tiempo e infinidad de sufrimiento, pero si ella se da cuenta de quién y qué es su ánimus y qué hace con ella y si se enfrenta con esas realidades en vez de dejarse poseer, su ánimus puede convertirse en un compañero interior que la dote con las cualidades masculinas de iniciativa, arrojo, objetividad y sabiduría.

En su forma más desarrollada, el ánimus conecta con la mente de la mujer con la evolución espiritual de su tiempo y puede hacerla muy receptiva.

La integración de la sombra, es decir, la comprensión consciente del inconsciente personal, sólo puede hacerse por medio de una relación de enfrentamiento con el otro y representa la 1ª etapa del proceso analítico, sin la cual resulta imposible el conocimiento del ánima-ánimus, a lo que sólo se puede acceder por medio de la relación con el sexo opuesto, pues sólo entonces operan sus proyecciones.

La masculinidad y feminidad son fuerzas arquetípicas, constituyen formas distintas de relacionarse con la vida, con el mundo y con el sexo opuesto.

Cada sexo lleva dentro de sí las cualidades de su opuesto. Jung fue el primero que señaló esta unidad polar, es decir, que la masculinidad contiene rasgos femeninos, psicológica y biológicamente, al igual que le feminidad contiene rasgos masculinos.

Históricamente los hombres han preferido dedicarse a guerrear y las mujeres a amar, por ello, el mago es un andrógino que ha integrado ambos sexos.

 

 

 

 

 

 

  1. Representación del ánima y ánimus a través de la Astrología

La Astrología fue un arte sagrado mediante el cual se tenía acceso a una percepción, intuitiva del funcionamiento de las energías subyacentes en la vida y como decía Jung, es un ejemplo perfecto de sincronicidad.

La carta natal es la expresión simbólica de la integridad potencial de la vida y de la psique del hombre. Son al mismo tiempo símbolos del Sí mismo y de Dios, dos entidades que, en lo que respecta a la percepción del ser humano, son lo mismo.

Los aspectos críticos, en todos los ciclos planetarios representan momentos de nuestras vidas en los que debemos estar despiertos. Las crisis son necesarias para nuestra evolución.

En la medida que vamos trabajando con opuestos y en el caso de ánima/ánimus, se produce una interacción entre los aspectos conscientes e inconscientes de nuestra psique, lo que nos lleva a una mayor integración de nuestro ser.

 

Los planetas simbolizan experiencias o energías arquetípicas.

Ánima y ánimus son arquetipos, dioses y podemos utilizar la carta natal para ver cómo se expresan individualmente estas energías.

Como todos los arquetipos, las deidades son bipolares por naturaleza, representando ambas energías, la positiva y la negativa, y por ello raramente se observan actuando por separado.

El Sol, asociado con el signo de Leo, es un símbolo del yo.

Está considerado un planeta masculino, un principio activo.

Idealmente, es necesario que cada individuo exprese tanto las polaridades masculinas de su carta como las femeninas, como parte del crecimiento de su conciencia.

La Luna, con el signo de Cáncer, simboliza por contraste la tendencia hacia el inconsciente, el pasado, el fluir del sentimiento.

El Sol va en busca de la diferenciación, la Luna pugna por la relación y la fusión de identidades.

Sol y Luna configuran la duplicidad de masculino y femenino que simboliza la polaridad del macho y la hembra dentro de cada individuo y la tensión necesaria implícita en ello sin la cual no podría haber conciencia, ni vida.

La integración armoniosa de estos dos símbolos es lo que los alquimistas describían en su “coniuntio” o matrimonio sagrado.

Mercurio es una figura andrógina, está relacionado con el signo de Géminis y Virgo.

Es el símbolo de la necesidad de entender, de integrar la motivación consciente de la inconsciente.

Mercurio es el símbolo del puente entre el yo y el Sí mismo, y también entre el yo y el medio.

Venus, asociado con los signos de Tauro y Libra, simboliza la necesidad de compartir con el otro, de ser deseado.

Marte, asociado con el signo de Aries y Escorpio, simboliza la necesidad de consumirse en el otro y alcanzar un fin objetivo.

En las relaciones interpersonales, el planeta  cuya energía es antitética con el sexo del individuo será proyectada sobre un objeto adecuado y el individuo tratará de vivir su aspecto transexual delegándolo en su opuesto.

Júpiter se asocia al signo de Sagitario y Piscis. Se relaciona con las regiones superiores de la mente intuitiva y con lo que podríamos llamar la aspiración religiosa, que según Jung es un impulso interior del ser humano, tan básico como cualquiera de los impulsos biológicos.

Es la necesidad de experimentar lo divino proyectándose fuera de nosotros mismos en formas simbólicas que después adoramos llamándolas deidades.

Saturno está asociado con el signo de Capricornio y Acuario. Se relaciona con las regiones inferiores del inconsciente personal, el lado oscuro de la naturaleza humana. Es el gran maestro de la limitación y el dolor. Es la fase que los alquimistas llamaban nigredo o caput mortuum (la negrura de la cabeza de los muertos). La primera parte del trabajo para poder tomar conciencia del otro que hay dentro de nosotros, el verdadero poder creador del Sí mismo.

Esta pareja comienza a establecer contacto con lo que es transpersonal.

En el desarrollo de la psique, las fases que incluyen hasta la formación del yo consciente son de carácter puramente personal. Los factores simbolizados por el Sol, la Luna y los planetas hasta Saturno están de acuerdo con esas fases. Pasado el límite de Saturno, nos encontramos con el campo del inconsciente colectivo, el depósito de las imágenes arquetípicas.

Las necesidades de los 3 planetas exteriores conocidos-Urano, Neptuno y Plutón- son raramente accesibles a la conciencia, ya que todos ellos marcan la transición de una fase de conciencia a otra y la conciencia no es capaz de aprehender esas transiciones. Es común que sus energías sean proyectadas y vivenciadas como un acontecimiento que el individuo ha atraído inconscientemente a su vida y que asume bajo la apariencia de destino. Pero hay que reconocer que la propia psique es su destino si se quiere entender el significado de lo que ha sucedido y utilizar la experiencia como un despertador hacia una conciencia más amplia.

Urano está asociado con el signo de Acuario. Es el polo masculino de esta polaridad y es un símbolo de las ideas arquetípicas, de las pautas subyacentes delo que en el pensamiento teológico se denomina la Mente de Dios y lo que en la doctrina platónica es el armazón de Ideas divinas que sostiene el tejido del universo.

Personifica la necesidad inherente a la psique de liberarse de la identificación con la realidad material y de vivenciar el mundo de la mente arquetípica.

Neptuno, asociado con el signo de Piscis, es el símbolo del mar de sentimientos colectivos que desde las profundidades nos mueve a sumergirnos en la masa, en un ofrenda de nuestra individualidad, tan difícilmente alcanzada, que nos da la posibilidad de purificarnos en la disolución.

Representa el inconsciente colectivo y su capacidad de crear compasión, valores cósmicos y amor incondicional.

Aunque uno de sus aspectos puede ser destructivo, el otro es profundamente necesario para la psique, ya que la experiencia de limpiarse ritualmente mediante la inmersión en el mar del inconsciente es una verdadera experiencia religiosa, es re-ligarse, volverse a conectar.

En la carta natal simboliza el impulso al sacrificio del yo personal y al sacrificio del sentimiento personal en aras de la vida sentimental colectiva.

Plutón, asociado con el signo de Escorpio.

Es el arquetipo del ciclo muerte-renacimiento, del que surge siempre una nueva forma, mayor que la anterior, aunque los individuos sientan que han perdido algo con lo que mantienen un intenso vínculo emocional y por cuyo intermedio, sin ser conscientes, están viviendo una parte de su vida que deberían recuperar para vivirla personalmente. El vínculo se pierde, la relación cambia.

Tiene una significación especial en el área de la sexualidad, ya que el acto sexual simboliza la muerte del sentimiento de separación individual en la vivencia del otro y de la nueva fuerza vital creativa que fluye entre ambos.

Plutón es la necesidad  de transformación del Sí mismo.

Plutón, al ser el más exterior de los planetas, es también el que nos puede llevar a la mayor expansión de conciencia.

Ánima- Ánimus son guías en el sentido más profundo, ya que conectan a los individuos con la vasta herencia de imágenes y experiencias colectivas que se yerguen por detrás de su vida personal y son, por cierto, los instrumentos del destino que nos empujan hacia situaciones que de otra forma evitaríamos y con ello evitaríamos la lucha y la toma de conciencia.

Por más que busquemos en el exterior, estas parejas viven en nuestro interior y nos impulsan a tener aquellas experiencias que se oponen a nuestros deseos conscientes.

El ánima seduce al hombre, arrastrándolo al mundo oscuro del sentimiento y de lo emocional, lo que para su psicología natural es sumamente incómodo, en tanto la mujer se ve continuamente atraída por el ánimus al aislamiento, la independencia y la realización de sí misma, que son la antítesis de su naturaleza instintiva a vivir la vida por medio de relaciones personales y de la identificación inconsciente con otras personas.

En las figuras del ánima y el ánimus se esconde el más profundo de los misterios y sólo por medio de ellas uno puede ver cómo las relaciones son un camino de desarrollo interior y una forma de viaje hacia el centro más profundo de nuestro ser.

Sean hombres o mujeres, los individuos que no quieren ver el opuesto sexual que llevan dentro, jamás se darán cuenta de que la pareja que tienen ha sido elegida porque tiene algún parecido con el ánima o el ánimus. La cólera y el dolor que se siente al descubrir que los errores del compañero/a son en realidad el dolor y la cólera dirigidos contra uno mismo, se verían mucho mejor si el individuo reconociera la oscuridad que guarda en el propio inconsciente, que le lleva a establecer una determinada relación.

Lo semejante atrae a lo semejante y nos está mostrando que el ánima o el ánimus está operando en el inconsciente empujando al yo a meterse en relaciones incomprensibles y dolorosas.

Y es aquí donde la Astrología nos puede acompañar para poder ir reconociéndonos, buscar dentro de nosotros mismos el origen de nuestras acciones, reconocer nuestra propia pareja interior como primer paso para una mejor interrelación con el otro.

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Comentario por José H. Pérez Calvo el enero 28, 2016 a las 12:55pm

Excelente trabajo Inma, ando trabajando sobre este tema y la verdad esto va directo al meollo, nunca ví algo tan bien sintetizado y no es facil "bajar" a Jung a terminos "básicos".

Comentario por Inma Esteban el mayo 3, 2011 a las 3:13am

Muchas gracias!

Es un trabajo que realicé para mi Escuela y quería compartirlo para saber opiniones.

 

Un abrazo

Comentario por paola a ortiz el mayo 2, 2011 a las 10:39pm
Excelente aporte Inma!!!

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