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En el camino de la Triple frontera me encontré con las cataratas de Iguazú.

Como intuía Silvi Mefi tuve que parar en Iguazú, pues cuando viajas, hay lugares que son de inexcusable visita. Viajar por la provincia de Misiones para ir a la Triple Frontera en busca de algo muy especial que no toca comentar ahora, significa pasar a pocos kilómetros del Parque Nacional de Iguazú, considerado como patrimonio de la Humanidad. Así que como humano he sentido que tenía que visitar este lugar.

Ahora comprendo mejor aquel cuento sufi que hablaba de un beduino del desierto que quiso agasajar a su rey que habitaba en Bagdad y con mucho esfuerzo logró llenar un odre de cabra con agua potable. Despues de viajar más de un més a lomos de su camello, atravesando miles de kilómetros de desierto, llegó a pocos kilómetroso de la capital y fue detendio por la guardia real y llevado con la cabeza cubierta hasta llegar ante el monarca. Cuando el beduino contó su propósito al rey, éste aceptó gustoso el tesoro con el que le agasajó el hombre del desierto. Mandó llenar una saca de oro y de piedras preciosas con el mismo peso del agua y ordenó a sus guardias que lo devolvieran al lugar donde lo hallaron, pero les dijo que lo llevaran de nuevo con la cabeza cubierta para que no viera el caudaloso rio Tigris.

.....y es que, tanta agua, para un pobre habitante del predesierto Mediterráneo es imposible asimilar, no me cabe en la cabeza que exista semejante barbaridad de agua dulce cayendo al vacío.

Hay cosas que no se pueden explicar con palabras, ni siquiera con fotos, ni con peliculas de vídeo ni siquiera en la película de la Misiones se ve la magnitud de la que hablo. Para llegar a una de las cataratas más altas, que tienen entre 80 y 90 de caída, hay que andar por encima de unas pasarelas que hacen de puentes, unos dos kilómetros. Debajo de los pies corre el agua con una corriente fuerte. He visto pasar por debajo de mi un torrente agua equivalente a unos 300 ríos ebros, ni uno menos.

Al llegar a la cascada del Diablo se me ha encogido el ombligo y me he quedado un rato extasiado, como cuando miras un fuego grande, una llama, que no puedes apartar la vista, pero mil veces más intenso. Me he quedado agarrado, nunca mejor dicho, a la barra del pasamanos de la barandilla y me he quedado extasiado, nunca habia visto, ni podía imaginar un espectáculo tan monumental. –Este año el rio Iguazú, va muy subido de aguas, está en lo más alto de su nivel, eso puede significar que viene agua para el este, a ver si nos llega algo a mi tierra.

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