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La Astrocábala: Un Camino de Evolución

 

El zodíaco es el primer elemento que estudia la ciencia astrológica. Está formado por doce figuras que constituyen las doce fuerzas primordiales.
Los signos del Zodíaco constituyen, pues, un camino que ineludiblemente
debemos recorrer una y otra vez, hasta haber vivido todas las
experiencias posibles. En este recorrido, el individuo se atasca a
menudo. La compresión de la Astrología nos sugiere que estamos inmersos
en un universo en tránsito, hacia una perfección cada día mayor, cuya
epopeya no concluirá hasta que dominemos los resortes de la Creación y
nos convirtamos en creadores de un nuevo Universo, más perfecto y
humano.

No es lo mismo hablar de los signos del Zodíaco que de las constelaciones. El Zodíaco tiene una existencia metafísica, está formado por esencias que no tienen materialidad, no se
las puede ver. En cambio, las constelaciones son grupos de estrellas
que son visibles y tienen existencia real. El Zodíaco, así entendido,
fue revelado al hombre por inspiración, como lo fueron las mitologías y
las religiones. Observando el cielo nos damos cuenta de que si se unen
con una línea imaginaria grupos de estrellas, aparece un dibujo que,
con cierta imaginación, resulta ser el de los animales de los signos
zodiacales, y así nacieron las constelaciones. Pero esos grupos de
estrellas se encuentran en movimiento, de manera que la constelación de
Aries, por ejemplo, ya no se corresponde al emplazamiento del signo
Aries, y ese argumento ha sido utilizado por los científicos para
invalidar los fundamentos astrológicos, ignorando que signos y
constelaciones son cosas distintas.

 

La Astrología no trabaja, pues, con constelaciones, sino con signos, y éstos se dividen en cuatro grupos de Elementos: Los signos de Fuego, los
signos de Agua, los signos de Aire y los signos de Tierra. La
Astrología estudia las pautas de devenir planetario, con cada una de las
12 fuentes zodiacales que interfieren entre sí en distintas dosis,
formando la propia identidad de cada uno de nosotros. Como pequeños
universos en miniatura que somos, llevamos todos en nuestro cuerpo
materia que obedece a las leyes de los 12 signos, pero esa materia
permanecería en estado pasivo, si no fuera activada por los planetas, al
transitar por uno y otro signo. Son los planetas los que imprimen
movimiento a la esencia zodiacal, dándole así protagonismo y poniendo en
relieve su personalidad y haciendo que arraigue en nosotros su
simiente. Así pues, la posición de los planetas en un horóscopo de
nacimiento nos indicará cuáles son las partes zodiacales activas en un
individuo, en qué grado lo son y cuál será la interpretación que el
individuo recibirá de la fuerza zodiacal.

 

Los 12 signos del zodíaco se encuentran doblados por las llamadas Casas terrestres. ¿Qué representan estas Casas? Los signos son la semilla con
la que se constituyó nuestro universo. Nosotros, como universo en
miniatura que somos, estamos formados por esa semilla zodiacal. Pero los
elementos químicos de nuestro cuerpo necesitan una constante
alimentación; es decir, esas semillas que hay en nosotros necesitan una
renovación constante de su potencialidad y sin el contacto permanente
con la fuente zodiacal, no nos sería posible existir. Por ello es
preciso que existan canales para que las fuerzas cósmicas puedan ser
proyectadas en el hombre. Para que la fuerza eléctrica llegue a los
hogares existen los hilos que la conducen. Y para que las propiedades de
los signos del zodíaco puedan esparcirse por nuestro organismo
psíquico, emocional y físico, deben también existir canales. Esos
canales son las 12 Casas terrestres.

 

Esos 12 canales, no sólo servirán para transmitir a nuestros cuerpos las pulsiones zodiacales, sino que a través de ellos transmitiremos el contenido de nuestro microuniverso al
mundo que nos rodea. Por un lado recibimos la energía de arriba y por
otro expulsamos las nuestras, de modo que las Casas son vías neutras,
cuya función es la de canalizar un determinado tipo de propiedades. Así
pués, los signos del zodíaco representan los diferentes complejos
energéticos que constituyen la esencia primordial con la que se organizó
el universo, así como a la parte de esas energías interiorizadas en
nuestros organismos. El trasvase entre unas y otras se efectúa a través
de los doce canales llamados Casas terrestres. Las Casas Terrestres
son, pues, canales de transmisión de energía. Todas esas energías
permanecerían en estado letárgico si no fueran activadas, en su
constante movimiento, por los planetas. Los planetas, en sus
desplazamientos, dan protagonismo, ora a una determinada calidad de
esencia zodiacal, ora a otra, y esa acción se manifiesta en nosotros
como un impulso a realizar una serie de gestos, o expresar una tanda de
emociones o de pensamientos potenciados por la esencia que el planeta en
tránsito activa.

La Astrología Cabalística se fundamenta en una realidad que fue descubierta por los antiguos como Platón, y que es aceptada por un
número creciente de personas a la luz de las conclusiones a las que han
llegado los profesionales que investigan los casos de “casi muerte” o
los especialistas en regresiones: la Ley de la Reencarnación. Y es que
concebir nuestra existencia física actual como la única posible, como
una oportunidad irrepetible es tan absurdo como creer que la Tierra es
el único planeta habitado en el universo. Si sólo viviéramos un vez,
será además terriblemente injusto que unos seres nacieran enfermos y
otros sanos, unos ricos y otros pobres en virtud de una casualidad
cósmica, de algo parecido a una inmensa ruleta de la fortuna; en tal
caso el mundo, además de un absurdo, sería una monstruosidad absoluta.
Es mucho más lógico admitir que el cuerpo humano no es más que un
vehículo que se nos presta para vivir determinadas experiencias y que
cuando se gasta, cambiamos de vehículo, para luego volver al ruedo con
otro distinto, pero con la misma alma. A este cambio le llamamos muerte,
pero sería más propio el término de transformación. En ese sentido, la
reencarnación es un proceso que permite que las almas experimenten todas
y cada una de las condiciones humanas hasta alcanzar la perfección.

La Astro-Cábala es una herramienta para llegar a encontrar un sentido a nuestro peregrinaje humano, para conocer los errores que cometimos en nuestras anteriores existencias, que nos
son en parte revelados por la posición (en nuestra Carta Natal) de los
planetas en los Decanatos, y para saber cuales son nuestras asignaturas
pendientes en ese largo camino de regreso hacia las fuentes divinas.

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